Una Historia de Amor. BRIAN WEISS. Sciencenergy.TERAPIA DIGITAL
29.03.2009
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Por sciencenergy. TERAPIA DIGITAL.
Graduado en las universidades de Columbia y Yale, trabajó como profesor en la Universidad de Miami. Fue jefe del área de psiquiatría del Hospital Mount Sinai de Miami Beach. Célebre autor de varios trabajos relacionados con el amor y la creencia en la reencarnación, esta última abordada a través de experiencias psiquiátricas narradas por sus pacientes en estado hipnótico, asistiendo al nacimiento de la terapia regresiva a vidas pasadas. Sus tesis han generado polémica en la comunidad científica[cita requerida] y debió pasar mucho tiempo antes de que el autor se atreviera a darlas a conocer.
El eminente psiquiatra norteamericano doctor Brian Weiss sorprendió al mundo occidental hace unos años al sacar a la luz un libro titulado Muchas Vidas, Muchos Sabios, convertido en un éxito de ventas en nuestro país, donde relata su insólita experiencia con una paciente a quien trató bajo hipnosis. En estado de trance profundo esta paciente recordó sus vidas anteriores y revivió sus traumas desde la época en que se llamaba Aronda, en Egipto, 18 siglos antes de Cristo
Les dejo algunos extractos del libro LAZOS DE AMOR DE BRIAN WEISS.
"Pedro y Elizabeth no se conocían y nada indicaba que hubiera entre ellos la menor afinidad, salvo que la infelicidad de ambos los había llevado a ponerse en manos del mismo psiquiatra".
"Lazos de amor, es una historia sobre el destino y la esperanza, una historia que ocurre en silencio todos los días. Un día, alguien estaba escuchando..."
"Una vez que hayamos encontrado a nuestra pareja, depende de nuestra elección, de nuestra libre voluntad.Una desición errónea o una oportunidad desaprovechada puede conducir a una gran soledad y mucho sufrimiento. Un acierto en la elección, una oportunidad aprovechada, nos puede proporcionar una profunda felicidad."
El alma del hombre es como el agua. Viene del cielo, se eleva hacia el cielo y vuelve después a la tierra, en un eterno ciclo. GOETHE
El Doctor Brian Weiss nos hace recapacitar en nuestra capacidad de encontrar la felicidad a través del tiempo, aunque en el camino tropecemos incontables ocasiones. Poniendo el ejemplo de tan sólo dos personas que han entrelazado sus vidas en más de una vida, el Doctor Weiss plantea una sencilla pregunta ¿Cómo es posible que niegues la existencia de las vidas pasadas?
LAZOS DE AMOR... BRIAN WEISS.
Qué poco hemos aprendido con los siglos. ¿ Cuánto más necesitamos sufrir antes de recordar de nuevo que el amor existe?
. Pedro, sentado en el sillón, empezó a mover la cabeza de un lado a otro. Sonreía de placer. De un modo espontáneo, acababa de entrar en otra vida mucho más reciente. Tan pronto como empezó a recordar vidas pasadas, las experiencias que visualizó fueron especialmente vívidas. -¿Qué te ocurre ahora? . -Soy una mujer --dijo-. Soy bastante guapa. Tengo el pelo largo y rubio, los ojos azules y la piel muy blanca. Vestía un elegante traje, era una prostituta muy cotizada en Alemania después de la Primera Guerra Mundial. A pesar de que el país estaba abrumado por una inflación galopante, los ricos disponían de dinero para disfrutar de sus servicios. Pedro tenía dificultades para recordar el nombre de aquella elegante mujer. -Magda, creo -dijo. Dejé que continuara, pues no quería desviar su atención de las imágenes que estaba evocando. -El trabajo me va muy bien -dijo Magda con orgullo-. Soy la confidente de políticos, al¬tos cargos militares y hombres de negocios muy Importantes. Conforme iba recordando más detalles, su tono se volvía más arrogante. -Están todos obsesionados por mi belleza y mi talento -añadió-. Yo siempre sé lo que tengo que hacer. Pensé para mí: «Seguramente gracias a todas tus vidas como hombre.» Luego empezó a susurrar. -Ejerzo una inmensa influencia sobre todos ellos... Puedo hacerles cambiar de opinión... Harían cualquier cosa por mí -dijo orgullosa de su posición y su capacidad para dominar a aquellos hombres tan poderosos-. Generalmente sé más que ellos -continuó en un tono ligeramente compungido-. ¡Yo les doy lecciones de política! Le encantaban el poder y las intrigas políticas. Magda tenía una voz excelente y solía cantar en locales nocturnos muy refinados. Aprendió a manipular a los hombres. Sin embargo, su poder político era indirecto. Siempre tenía que ejercerlo por mediación de los hombres y se sentía frustrada por ello. En una vida futura, Pedro no iba a necesitar intermediarios.
Un hombre joven estaba de pie, apartado del resto. -Es el más inteligente y formal de todos -dijo Magda-. Tiene el pelo castaño y los ojos azules... ¡Se apasiona con todo lo que hace! Nos pasamos largas horas hablando. Y creo que nos queremos. No reconoció a este hombre como alguien perteneciente a su vida actual. Pedro tenía ahora un aire triste. Vi cómo se le formaba una lágrima en el ojo izquierdo. -Lo dejé por otro hombre, uno mayor, más importante y poderoso, que me quería sólo para él. No seguí los impulsos de mi corazón. Cometí un grave error. Le hice mucho daño. Nunca me perdonó... no lo entendió. Magda optó por la seguridad y el poder en lugar de inclinarse por el amor, la verdadera fuente de la fuerza y la seguridad.
Por lo visto aquella decisión se convirtió en un punto crítico en su vida. Llegó a una encrucijada en su camino, y una vez eligió, ya no pudo volver atrás. Este hombre mayor perdió el poder cuando la política alemana .se desplazó .bruscamente hacia los nuevos y violentos partidos. Abandonó a Magda. Ella había perdido la pista de aquel joven apasionado. Con el tiempo se empezó a deteriorar físicamente debido a una afección sexual crónica, probablemente la sífilis. Cayó en una fuerte depresión que no fue capaz de superar.
Elizabeth, una bella mujer del Medio Oeste, se sometió a esta terapia por el gran dolor y la ansiedad que sufría tras la muerte de su madre. También había tenido problemas en su relación con los hombres, pues siempre escogía a fracasados, drogadictos o gente que la maltrataba. Nunca había encontrado el verdadero amor entre los hombres con quienes se había relacionado. Empezamos nuestro viaje por distintas épocas pasadas, con unos resultados sorprendentes.
-¿ Sabes en qué país estás? -le pregunté en busca de más detalles. No me gustaba importunarla con demasiadas preguntas que activaran el hemisferio izquierdo del cerebro, la parte donde reside la lógica. Este tipo de preguntas podían interferir en la inmediatez de la experiencia, que pertenece al hemisferio derecho, por ser una función intuitiva.
De todas maneras, Elizabeth estaba profunndamente hipnotizada. Podía responder esas preguntas y aun así continuar viviendo la experiencia. Los detalles también eran muy importantes. -La India... creo -contestó dudosa-. Tal vez al oeste de la India... Las fronteras no están claramente delimitadas. Vivimos en las montañas y hay unos caminos que están reservados para los comerciantes -añadió, volviendo a la escena.-¿Te reconoces a ti misma?
-Sí. Soy una muchacha, tengo unos quince años. Mi piel es oscura y mi cabello es negro. La ropa que llevo está sucia. Trabajo en los establos, cuido caballos y mulas. Somos muy pobres. El clima es frío; se me enfrían tanto las manos trabajando aquí... -dijo Elizabeth con una mueca y frotándose las manos. Esta muchacha tenía una inteligencia innata, pero no recibió educación alguna. Su vida era una carrera de obstáculos. Los comerciantes abusaban de ella a menudo y a veces le daban un poco de dinero. Su familia no podía protegerla. El frío atroz y el hambre constante la atormentaban. Sólo una cosa alegraba su vida.
-Hay un joven que viene a menudo por aquí con su padre y otros comerciantes. Me quiere, y yo le quiero. Es amable y divertido y nos lo pasamos muy bien juntos. Ojalá se quedara aquí y pudiéramos estar siempre juntos. No ocurrió así. Murió a los dieciséis años. Con el cuerpo devastado por aquel frío tan penetrante y aquella vida tan dura, cayó enferma y murió de una pulmonía. Su familia estuvo junto a ella en su lecho de muerte. Elizabeth no estaba triste cuando recordaba aquella vida tan breve. Había aprendido una importante lección. -El amor es la fuerza más poderosa del mundo -dijo suavemente-. Crece y florece incluso en tierras heladas y en las condiciones más duras. Existe siempre y en todas partes. El amor es una flor que brota en las cuatro estaciones. Una bella sonrisa iluminó su rostro.
Uno de mis pacientes, un abogado católico, acababa de hacer una regresión a una vida en la Europa medieval. Había recordado su muerte en aquella vida, caracterizada por la avaricia, la violencia y la falsedad. Era consciente de que algunos de estos defectos seguían estando presentes en su vida actual.
Ahora, reclinado en el mullido sillón de cuero de mi consulta, se vio a sí mismo flotando fuera del cuerpo que le había albergado en la Edad Media. De golpe se encontró de pie en un entorno diabólico, entre fuegos y demonios. Esto me sorprendió. Aunque muchas veces mis pacientes se habían referido a su muerte en vidas pasadas, nunca antes había sido testigo de una experiencia en el infierno.
Casi siempre la gente se sumerge en una luz hermosa e indescriptible que le renueva el espíritu y le infunde energía. Pero ¿ el infierno? Esperé a que ocurriera algo, pero él me dijo que nadie le prestaba atención. Él también estaba esperando. Transcurrían los minutos. Finalmente, apareció una figura espiritual que él identificó como Jesús y se le acercó. Fue el primer ser que advirtió su presencia. «¿No te das cuenta de que todo esto es un espejismo? -le dijo Jesús-. ¡Sólo el amor es real!» Enseguida desaparecieron las llamas y los demonios, dejando que aquella luz hermosa reluciera de nuevo después de haber estado oculta detrás del espejismo. Algunas veces conseguimos lo que esperábamos, pero puede que no sea real.
»La relación que mantienes contigo mismo es similar a la que mantienes con los demás. Has vivido en muchas épocas y en distintos cuerpos. Por consiguiente, pregúntale a tu yo actual por qué tiene tanto miedo. ¿ Por qué te asusta correr riesgos razonables? ¿Acaso te preocupa tu reputación o lo que los demás piensen de ti? Estos miedos te condicionan desde la infancia o incluso desde antes.
»Hazte estas preguntas: ¿ Qué tengo que perder? ¿Qué es lo peor que puede ocurrir? ¿Quiero vivir el resto de mi vida en estas condiciones? Comparado con la muerte, ¿ esto es tan arriesgado?
»No permitas que la depresión o la angustia obstaculicen tu desarrollo. Cuando te deprimes, pierdes la perspectiva, olvidas y das las cosas por sentado. Agudiza tu atención. Recapacita sobre tus valores. Recuerda qué es lo que no debes dar por hecho. Cambia tu punto de vista y no olvides lo que es importante y lo que no lo es. Evita caer en la rutina. No pierdas la esperanza.
»Cuando te angustias, te sientes perdido dentro del ego, sin límites que te protejan. Se despierta en ti un vago recuerdo de falta de amor, una herida en tu amor propio, una pérdida de paciencia y de serenidad. Recuerda que nunca estás solo. »Ten el valor de correr riesgos. Eres inmortal. Nadie puede hacerte daño. A veces los mensajes no son tan psicológicos y parecen proceder de una fuente más tradicional, más didáctica. El estilo es algo diferente, casi como si se tratara de un dictado.
-He salido del cuerpo de Miriam –anunció Elizabeth., -¿Qué te ocurre ahora? -Floto... floto -dijo mientras su voz se apagaba gradualmente. No tardó en hablar otra vez, pero las palabras que pronunciaba no eran suyas. Su voz era más potente y profunda. Elizabeth consiguió lo mis¬mo que Catherine, algo que muy pocos pacien¬tes logran hacer. Transmitió mensajes e informa¬ción de los Maestros, seres sobrenaturales, procedentes de dimensiones superiores. Mi primer libro recoge gran parte de su sabiduría.
Yo podía percibir mensajes similares cuando meditaba, pero las palabras adquirían un sentido más profundo cuando provenían de mis pacientes. Sabía que tenía que confiar más en mis pro¬pias capacidades como oyente para recibir y percibir los mismos conceptos procedentes de las mismas fuentes.
-Recuerda -dijo la voz-. Recuerda que siempre eres amado. Siempre estás protegido. Nunca estás solo. Tú también eres un ser de luz, de sabiduría y de amor. Y nunca serás olvidado. Nunca se te ignorará. No eres tu cuerpo, no eres tu cerebro, ni siquiera eres tu mente. Eres espíritu. Lo único que debes hacer es conseguir que tu memoria vuelva a despertar, a recordar. El espíritu no tiene límites, ni los límites del cuerpo físico ni los del intelecto o la mente...
»El intelecto es importante en el mundo tridimensional, pero la intuición lo es aún más.
»Lo que creéis que es la realidad es una ilusión, y viceversa. La realidad es el reconocimiento de vuestra inmortalidad, divinidad y eternidad. La ilusión es vuestro mundo tridimensional y transitorio. Esta inversión de los términos es perjudicial para vosotros. Ansiáis la ilusión de la seguridad en lugar de desear la seguridad de la sabiduría y el amor. Anheláis ser aceptados cuando, en realidad, nunca podéis ser rechaza¬dos. El ego crea espejismos y encubre la verdad. Debéis disolverlo y dejar que la verdad salga a la luz.
El reconocimiento suele producirse inmediatamente y con una certeza infalible si el paciente mira a los ojos de la otra persona. Los ojos, sin ninguna duda, son la ventana del alma.
Esta vez, cuando Elizabeth entró en mi consulta para iniciar la sesión, decidí intentar algo diferente, un método que ya había aplicado a otros pacientes con diversos resultados. Como de costumbre, mi intención era ayudada a conseguir un estado de relajación profunda. Quería guiada para que visualizara un bello jardín, paseara por él y descansara. Mientras descansaba, la invitaría a imaginar que se le acercaba un visitante, y que se comunicaba con él con pensamientos, palabras, imágenes, sentimientos y de cualqUier otra manera.
Todo lo que experimentó Elizabeth a partir de aquel momento surgió de su propia mente y no de mis indicaciones. Se hundió profundamente en el sillón abatible de cuero y enseguida entró en un estado hipnótico. Conté de diez a uno para hacer más profundo su trance. Se imaginó a sí misma bajando una escalera de caracol. Cuando llegó al último peldaño, visualizó el jardín. Empezó a pasear y después se detuvo para descansar. Le indiqué que iba a acercársele un visitante y aguardamos juntos su llegada. Unos segundos más tarde, advirtió una hermosa luz que se aproximaba a ella. El suave llanto de Elizabeth rompió el silencio que imperaba en la consulta.
-¿ Por qué lloras? -le pregunté. -Es mi madre... La puedo ver inmersa en la luz. Está tan joven, tan guapa... Me alegro de verte -añadió, esta vez comunicándose con su madre directamente. Elizabeth sonreía y lloraba al mismo tiempo. -Puedes decide cosas, hablar con ella -le recordé. A partir de entonces no dije nada más, pues no quería interferir en aquel encuentro. Eliza¬beth no estaba evocando un recuerdo, tampoco estaba volviendo a experimentar algo que ya ha¬bía ocurrido: estaba viviendo un acontecimiento. El encuentro con su madre tenía lugar intensa y emotivamente en la mente de Elizabeth. El hecho de que aquella reunión se celebrara de un modo tan convincente en su mente confería un grado considerable de realidad a la experiencia. Las posibilidades de aliviar su aflicción eran ahora palpables.
Permanecimos sentados durante unos minutos en un silencio total interrumpido ocasionalmente por algunos suspiros. De vez en cuando se deslizaba una lágrima por la mejilla de Elizabeth, que, a la vez, mostraba una constante son¬risa. Finalmente, empezó a hablar. -Se ha ido -dijo con calma-. Tenía que irse, pero volverá. Elizabeth seguía hablando y contestando a mis preguntas muy relajada y con los ojos cerra¬dos. -¿ Se ha comunicado contigo? -le pregunté. -Sí. Me ha dicho muchas cosas. Que debo confiar en mí misma. Me ha dicho: «Confía en ti. ¡Te he enseñado todo lo que necesitabas saber!»
-¿Qué significa esto para ti? -Que debo creer en mis propios sentimientos y no dejar que los demás influyan siempre en mis decisiones... especialmente los hombres -añadió haciendo hincapié en ello-. Me ha dicho que los hombres se han aprovechado de mí porque yo no creía lo suficiente en mí misma y les he dejado que lo hicieran. Les he dado demasiado poder quitándomelo a mí misma. Debo dejar de comportarme así. También me ha dicho: «Somos todos iguales. Las almas no son femeninas ni masculinas. Eres tan bella y poderosa como cualquier otra alma del universo. No lo olvides; no dejes que te confundan sus distintas formas físicas.» Debo sentirme libre para amar en vez de contenerme, y sin embargo sigo buscando.
A veces, los acontecimientos más importantes de la vida se nos echan encima antes de que seamos conscientes de su existencia, como una pantera que se nos acerca sigilosamente. ¿Cómo es posible que no nos hayamos percatado de algo de tal envergadura? El camuflaje es psicológico.
La negación, el hecho de no ver lo que está ante nuestros ojos, porque en realidad no lo queremos ver, es el mayor de los disfraces. A esto hemos de añadirle el cansancio, las distracciones, las racionalizaciones, la evasión y, en general, todos los procesos mentales que se interponen en nuestro camino. Afortunadamente, la persistencia del destino puede eliminar estos impedimentos y distinguir lo que necesitamos ver, el primer plano que sobresale del fondo, como si pudiéramos atisbar a la primera los dibujos en tres dimensiones del «ojo mágico».
Cuando tengamos que tomar una decisión importante, escuchemos a nuestro corazón, a nuestra sabiduría interior, especialmente cuando hayamos de tomar una decisión sobre un regalo del destino como es un alma gemela. El destino depositará su obsequio directamente a nuestros pies, pero lo que decidamos hacer a partir de entonces con él es algo que depende de nosotros. Si confiamos únicamente en lo que nos digan los demás, es probable que cometamos errores muy graves. Nuestro corazón sabe lo que necesitamos. Los demás tienen otros intereses.
Cuando nuestra intuición, nuestros sentimientos más viscerales y nuestro espíritu saben algo más allá de cualquier duda, no debemos permitir que las razones de los demás, construidas sobre sus propios miedos, nos influyan. Sean o no buenas sus intenciones, pueden llevamos por el mal camino y alejamos del sendero de la felicidad.
Brian Weiss. Lazos de Amor.
The Science Of Energy. Terapia Digital.. sciencenergy@gmail.com