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Reflexión con la Verdad.

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La Rueda de la Vida. Elisabeth Kluber-Ross. Sciencenergy. TERAPIA DIGITAL.




Cuando hemos realizado la tarea que hemos venido a hacer en la Tierra, se nos permite
abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma al igual que el capullo de seda encierra a la futura mariposa.
Llegado el momento, podemos marcharnos y vernos libres del dolor, de los temores y
preocupaciones; libres como una bellísima mariposa, y regresamos a nuestro hogar, a Dios.

De una carta a un niño enfermo de cáncer.

"EL RATÓN" (infancia).
Al ratón le gusta meterse por todas partes,
es animado y juguetón, y va siempre por delante de los demás.
"EL oso" (edad madura, primeros años)
El oso es muy comodón y le encanta, hibernar. Al recordar su mocedad, se ríe
de las correrías del ratón.
"EL BÚFALO" (edad madura, últimos años).
Al búfalo le gusta recorrer las praderas.
Confortablemente instalado, repasa su
vida y anhela desprenderse de su pesada
carga para convertirse en águila.
"EL ÁGUILA" (años finales).
Al águila le entusiasma sobrevolar
el mundo desde las alturas, no a fin de
contemplar con desprecio a la gente, sino
para animarla a que mire hacia lo alto.


LA CASUALIDAD NO EXISTE.

Tal vez esta introducción sea de utilidad. Durante años me ha perseguido la mala reputación.
La verdad es que me han acosado personas que me consideran la Señora de la Muerte y del Morir.
Creen que el haber dedicado más de tres decenios a investigar la muerte y la vida después de la muerte me convierte en experta en el tema. Yo creo que se equivocan.
La única realidad incontrovertible de mi trabajo es la importancia de la vida.

Siempre digo que la muerte puede ser una de las más grandiosas experiencias de la vida. Si se vive bien cada día, entonces no hay nada que temer.
Tal vez éste, que sin duda será mi último libro, aclare esta idea. Es posible que plantee nuevas preguntas e incluso proporcione las respuestas.

Desde donde estoy sentada en estos momentos, en la sala de estar llena de flores de mi casa en Scottsdale (Arizona), contemplo mis 70 años de vida y los considero extraordinarios. Cuando era niña, en Suiza, jamás, ni en mis sueños más locos —y eran realmente muy locos—, habría pronosticado que llegaría a ser la famosa autora de Sobre la muerte y los moribundos, una obra cuya exploración del último tránsito de la vida me situó en el centro de una polémica médica y teológica.
Jamás me habría imaginado que después me pasaría el resto de la vida explicando que la muerte no existe.

Según la idea de mis padres, yo tendría que haber sido una simpática y devota ama de casa suiza. Pero acabé siendo una tozuda psiquiatra, escritora y conferenciante del suroeste de Estados Unidos, que se comunica con espíritus de un mundo que creo es mucho más acogedor, amable y perfecto que el nuestro. Creo que la medicina moderna se ha convertido en una especie de profeta que ofrece una vida sin dolor. Eso es una tontería. Lo único que a mi juicio sana verdaderamente es el amor incondicional.

Algunas de mis opiniones son muy poco ortodoxas. Por ejemplo, durante los últimos años he sufrido vanas embolias, entre ellas una de poca importancia justo después de la Navidad de 1996. Mis médicos me aconsejaron, y después me suplicaron, que dejara el tabaco, el café y los chocolates. Pero yo continúo dándome esos pequeños gustos. ¿Por qué no? Es mi vida.

De hecho, las piezas que componen mi existencia no parecen ensamblarse bien. Pero mis
experiencias me han enseñado que no existen las casualidades en la vida. Las cosas que me ocurrieron tenían que ocurrir.

Durante toda la vida se nos ofrecen pistas que nos recuerdan la dirección que debemos seguir.
Si no prestamos atención, tomamos malas decisiones y acabamos con una vida desgraciada. Si ponemos atención aprendemos las lecciones y llevamos una vida plena y feliz, que incluye una buena muerte.
El mayor regalo que nos ha hecho Dios es el libre albedrío, que coloca sobre nuestros hombros la responsabilidad de adoptar las mejores resoluciones posibles.

Así es como siempre he vivido. Si soy tozuda e independiente, si estoy apegada a mis
costumbres, si estoy un poco desequilibrada, ¿qué más da? Así soy yo.

Cuando crees que ya no puedes más
siempre aparece
(como salida de la nada)
una lucecita.
Esta luce cita
renovará tus fuerzas
y te dará la energía
para dar un paso más.

La medicina tiene sus límites, realidad que no se enseña en la facultad. Otra realidad que no se enseña es que un corazón compasivo puede sanar casi todo. Unos cuantos meses en el campo me convencieron de que ser buen médico no tiene nada que ver con anatomía, cirugía ni con recetar los medicamentos correctos. El mejor servicio que un médico puede prestar a un enfermo es ser una persona amable, atenta, cariñosa y sensible.

- El conocimiento va muy bien pero el conocimiento solo no va a sanar a nadie. Si no se
usa.

The Science Of Energy.
TERAPIA DIGTIAL.

sciencenergy@gmail.com



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M
<br /> Me parece un libro muy interesante, sanos juicios y muy doctos, me lo recomendo una prima muy querida que viv e en Bogotá, Colombia. Esta magia de la Red nos permite una comunicación directa con<br /> los seres que amamos y asi juntos vamos descubriendo estas cosas que nos ayudan a recorrer con mas calma el sendero de la vida.<br /> <br /> <br />
Responder
S
<br /> <br /> Gracias Mariana por tu comentario.<br /> <br /> <br /> Atte<br /> <br /> <br /> Sciencenergy.<br /> <br /> <br /> <br />