Reflexión con la Verdad.
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS.
Sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los Espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida presente, la vida futura y el porvenir de la humanidad.
Según la enseñanza impartida por los Espíritus superiores, con ayuda de diversos médiums.
I.- Dios y el infinito
1. ¿Qué es Dios?
- Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas. 20
2. ¿Qué se debe entender por infinito?
- Lo que no tiene principio ni fin: lo desconocido. Todo lo que sea desconocido es infinito.21
3. ¿Se podría decir que Dios es lo infinito?
- Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres, que es insuficiente para definir las cosas que se hallan por encima de su inteligencia.
Dios es infinito en sus perfecciones, pero lo infinito constituye una abstracción. Decir que Dios sea lo infinito es como tomar el atributo de una cosa por la cosa misma, es decir, definir algo que no es conocido por otra cosa que tampoco lo es.
Recopilados y ordenados por
ALLAN KARDEC.
Kardec corrobora la tesis de los Espíritus: el materialismo constituye una aberración de la inteligencia.
[“Es Jesús para el hombre el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto, y la doctrina que ha enseñado es la más pura expresión de su ley, porque estaba animado del Espíritu divino y fue el Ser más puro que haya aparecido en la Tierra”.]
La religión espiritista se traduce en espíritu y verdad. Lo que a Dios interesa no es la precaria exterioridad de los ritos y del culto convencional, casi siempre vacío, sino el pensamiento y el sentimiento del hombre. La adoración de la Divinidad constituye una ley natural, como lo es la ley de gravedad. El hombre gravita hacia Dios, del modo mismo que la piedra gracia hacia la Tierra y ésta hace lo propio alrededor del Sol. Pero las manifestaciones externas de la adoración no resultan necesarias.
[“La verdadera adoración está en el corazón. En todas vuestras acciones, pensad siempre que un Maestro os observa”.]
[“El Espiritismo posee fortaleza porque se apoya sobre los cimientos mismos de la religión: Dios, el alma, las penas y recompensas futuras. Porque, sobre todo, muestra esas penas y recompensas como secuelas naturales de la vida terrena, y porque nada, en el cuadro que ofrece el porvenir, puede ser desautorizado por la razón más exigente”.] En suma, religión positiva, basada en las leyes naturales, desprovista de pompas misteriosas y de una teología fantasiosa.
I. – Espiritismo y Espiritualismo.
Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras. Así lo quiere la claridad del lenguaje, para evitar la confusión inseparable del sentido múltiple de los mismos términos.
El espiritualismo es el opuesto del materialismo. Cualquiera que crea tener en sí algo más que la materia es un espiritualista.
ALMA al Ser inmaterial e individual que existe en nosotros y que sobrevive a nuestro cuerpo.
Sea lo que fuere, hay un hecho irrebatible, porque constituye un resultado de la observación, y es que los seres orgánicos poseen en sí una fuerza íntima que produce el fenómeno de la vida en tanto dicha fuerza existe; que la vida material es común a todos los seres orgánicos y es independiente de la inteligencia y el pensamiento; que inteligencia y pensamiento son las facultades propias de ciertas especies orgánicas; y, por último, que entre las especies orgánicas dotadas de inteligencia y pensamiento hay una que está provista de un sentido moral especial, que le confiere una incontestable superioridad sobre las demás, y es la especie humana.
Resumen de la Doctrina de los Espíritus.
Los Seres que de este modo se comunican se designan a sí mismos –conforme acabamos de decirlo- con el nombre de Espíritus o genios, y afirman haber pertenecido (algunos, al menos) a hombres que vivieron en la Tierra. Integran el Mundo Espiritual, así como nosotros durante nuestra existencia constituimos el mundo corporal.
Resumiremos a continuación, en pocos párrafos, los puntos más salientes de la Doctrina que ellos nos han transmitido, a fin de responder con más facilidad a ciertas objeciones.
“Dios es eterno e inmutable, inmaterial y único, todopoderoso y soberanamente justo y bueno.
Él creó el Universo, que comprende a todos los seres animados e inanimados, materiales e inmateriales.
Los seres materiales forman el mundo visible o corporal, y los inmateriales, el Mundo Invisible o Espírita, esto es, de los Espíritus.
El Mundo Espírita es el normal y primitivo, eterno, preexistente y sobreviviente a todo.
El mundo corporal es sólo secundario. Podría dejar de existir, o no haber existido jamás, sin alterar la esencia del Mundo Espírita.
Los Espíritus se revisten temporariamente de una envoltura material perecedera, cuya destrucción mediante la muerte los devuelve a la libertad.
Entre las diversas especies de seres corporales ha escogido Dios a la raza humana para la encarnación de los Espíritus que han llegado a cierto grado de desarrollo, y es esto lo que les confiere superioridad moral e intelectual sobre las demás.El alma es un Espíritu encarnado cuyo cuerpo no constituye más que la envoltura.
Tres cosas hay en el hombre. Primera: el cuerpo o ser material, análogo al de los animales y animado por el mismo principio vital. Segunda: el alma o ser inmaterial, Espíritu encarnado en el cuerpo. Tercera: el vínculo que une el alma con el cuerpo, principio intermediario entre la materia y el Espíritu.
Los Espíritus son atraídos en virtud de su simpatía por la naturaleza moral del ambiente en que se les evoca. Los Espíritus superiores se complacen en las reuniones serias, en que predominan el amor al bien y el deseo sincero de instruirse y mejorar. Su presencia allí aleja a los Espíritus inferiores, quienes por el contrario encuentran libre acceso y pueden obrar con plena libertad entre las personas frívolas o que son guiadas sólo por la curiosidad, y en cualquier parte donde se encuentren malos instintos. Lejos de obtener de ellos buenos consejos o informaciones útiles, sólo se deben esperar de su parte futilezas, embustes, bromas de mal gusto o supercherías, y a menudo toman nombres venerables para inducir mejor a error.
Distinguir los buenos de los malos Espíritus es sobremanera fácil: el lenguaje de los Espíritus superiores es siempre digno y noble, impregnado de la más alta moralidad, desprovisto de toda baja pasión. Sus consejos rezuman la más pura sabiduría, teniendo siempre por objeto nuestro mejoramiento y el bien de la humanidad. El lenguaje de los Espíritus inferiores, en cambio, es inconsecuente, muchas veces trivial y hasta grosero. Si es cierto que en ocasiones expresan cosas buenas y verdaderas, no lo es menos que en la mayoría de los casos las dicen falsas y absurdas, por malicia o ignorancia. Bromean con la credulidad y se divierten a expensas de los que les interrogan, halagando su vanidad y fomentando sus deseos con falaces esperanzas. En suma, las comunicaciones serias, en la verdadera significación de la palabra, tienen lugar sólo en los centros igualmente serios, en los cuales sus miembros se hallan unidos por una comunión íntima de pensamientos con miras al bien
La moral de los Espíritus superiores se resume, como la de Cristo, en esta máxima evangélica: “Hagamos a los demás lo que quisiéramos que los demás nos hiciesen a nosotros”. Esto es, hacer el bien y no el mal. En este principio encuentra el hombre la regla universal de conducta que puede guiarlo hasta en sus más insignificantes acciones.
El hombre que crea que su razón es infalible se halla muy cerca del error. Hasta los que profesan las ideas más falsas se apoyan en su razón, y a causa de ello rechazan todo lo que se les antoja imposible. Todos los que ayer negaban los admirables descubrimientos con que la humanidad se honra actualmente apelaban a ese juez para rechazarlos. Lo que se denomina razón no suele ser otra cosa que orgullo disfrazado, y cualquiera que se considere infalible se pone en un pie de igualdad con Dios.
I.- Dios y el infinito.
1. ¿Qué es Dios?
- Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas. 20
2. ¿Qué se debe entender por infinito?
- Lo que no tiene principio ni fin: lo desconocido. Todo lo que sea desconocido es infinito.21
3. ¿Se podría decir que Dios es lo infinito?
- Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres, que es insuficiente para definir las cosas que se hallan por encima de su inteligencia.
Dios es infinito en sus perfecciones, pero lo infinito constituye una abstracción. Decir que Dios sea lo infinito es como tomar el atributo de una cosa por la cosa misma, es decir, definir algo que no es conocido por otra cosa que tampoco lo es.
Pruebas de la existencia de Dios.
4. ¿Dónde podemos hallar la prueba de la existencia de Dios?
- En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no sea obra del hombre y vuestra razón os responderá.
Para creer en Dios basta con echar una ojeada a las obras de la Creación. El Universo existe. Tiene, pues, una causa. Dudar de la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto tiene una causa y afirmar que la nada ha podido hacer algo.
5. ¿Qué consecuencia se puede sacar del sentimiento intuitivo de la existencia de Dios, que todos los hombres llevan en sí?
- Que Dios existe. Porque ¿de dónde le vendría ese sentimiento si en nada se basara? Es una consecuencia más del principio de que no hay efecto sin causa.
6. El sentimiento íntimo que tenemos en nosotros de la existencia de Dios, ¿no sería un resultado de la educación y un producto de las ideas adquiridas?
- Si así fuese, ¿por qué vuestros salvajes poseen también ese sentimiento?
Si ese sentimiento de la existencia de un Ser Supremo sólo fuera producto de una enseñanza no sería universal y – como las nociones científicas- no existiría sino en aquellos que hubieran podido recibir esa enseñanza.
7. ¿Podríamos hallar la causa primera de la formación de las cosas en las propiedades íntimas de la materia?
- Pero entonces, ¿cuál sería la causa de esas propiedades? Se requiere siempre una causa primera.
Atribuir la formación primera de las cosas a las propieda-des íntimas de la materia sería tomar el efecto por la causa, por cuanto dichas propiedades son, en sí mismas, un efecto que debe tener su causa.
La armonía que rige las fuerzas del Universo muestra combinaciones y miras determinadas y, por lo mismo, revela un poder inteligente. Atribuir la formación primero al azar sería una falta de sentido, por cuanto la casualidad es ciega y no puede producir los efectos de la inteligencia. Un azar inteligente dejaría de ser tal.
Conocimiento del principio de las cosas.
17. ¿Es dado al hombre conocer el principio de las cosas?
- No. Dios no permite que todo sea revelado al hombre en la Tierra.
18. ¿Penetrará algún día el hombre el misterio de las cosas que le son ocultas?
- El velo se levanta para él conforme va depurándose. Pero, para comprender ciertas cosas necesita facultades que todavía no posee.
19. ¿No puede el hombre, mediante las investigaciones científicas, penetrar algunos de los secretos de la Naturaleza?
- La ciencia le ha sido dada para su adelante en todas las cosas, pero no puede sobrepasar los límites fijados por Dios.
Cuanto más le es permitido al hombre avanzar en la revelación de esos misterios, tanto mayor debe ser su admiración por el poder y la sabiduría del Creador. Empero, ya sea por orgullo o por debilidad, su inteligencia misma lo hace a menudo juguete de la ilusión. Acumula sistemas tras sistemas y cada día que pasa le muestra cuántos errores ha tomado por verdades y cuántas verdades rechazó por conceptuarlas errores. Son esas otras tantas decepciones para su orgullo.
Diferentes órdenes de Espíritus.
¿Son iguales unos a otros los Espíritus o, por el contrario, existe entre ellos una jerarquía?
- Son de diferentes órdenes, conforme al grado de perfeccionamiento que han alcanzado.
¿Hay entre los Espíritus un número determinado de órdenes o grado de perfección?
Es posible ubicar en la primera categoría a aquellos que han llegado a la perfección: los Espíritus puros. Los del segundo orden han alcanzado la mitad de la escala: la preocupación de éstos es el deseo del bien. Los del último grado se hallan aún en lo bajo de la escala: son los Espíritus imperfectos. Se caracterizan por la ignorancia, el deseo del mal y todas las malas pasiones que retrasan su desarrollo.
¿Pueden los Espíritus degenerar?
- No, ya que conforme avanzan van comprendiendo lo que les alejaba de la perfección. Cuando el Espíritu ha superado una prueba, adquiere el conocimiento de ella y no lo echa al olvido. Puede permanecer estacionario, mas no retrocede.
Todos los Espíritus pasan por la serie de pruebas del mal para alcanzar el bien?
- No por la serie de pruebas del mal, sino por la de la ignorancia.
ENCARNACIÓN DE LOS ESPÍRITUS.
Finalidad de la encarnación.
¿Qué objeto tiene la encarnación de los Espíritus?
- Dios se la impone con el propósito de hacerlos alcanzar la perfección. Para unos constituye una expiación; para otros, una misión. Pero, para llegar a esa perfección deben sufrir todas las vicisitudes de la existencia corporal: en ello reside la expiación. La encarnación tiene asimismo otra finalidad, consiste en poner al Espíritu en condiciones de afrontar la parte que le cabe en la obra de la Creación. Para cumplirla, toma en cada mundo un instrumento de acuerdo con la materia esencial de ese globo a fin de ejecutar, desde ese punto de vista, las órdenes de Dios. De modo que, cooperando a la obra general, progrese él mismo.
La acción de los seres corpóreos es necesaria a la marcha del Universo. Pero con su sabiduría quiso Dios que en esa acción misma aquéllos encontraban un medio de progresar y acercarse a Él. Así, por una ley admirable de su providencia, todo se eslabona, todo es solidario en la Naturaleza.
Del alma.
¿Qué es el alma?
- Un Espíritu encarnado.
¿Qué era el alma antes de unirse al cuerpo?
- Espíritu.
RETORNO DE LA VIDA CORPÓREA A LA VIDA ESPIRITUAL.
El alma después de la muerte.
¿En qué se transforma el alma en el instante de la muerte?
- Vuelve a ser Espíritu, vale decir, reingresa al Mundo de los Espíritus, que temporariamente había dejado.
¿Conserva el alma su individualidad después de la muerte?
- Sí, jamás la pierde. ¿Qué sería si no la conservara?
¿Cómo comprueba el alma su individualidad, puesto que ya no tiene cuerpo material?
- Posee todavía un fluido que le es propio, que toma de la atmósfera de su planeta y que tiene la apariencia de su última encarnación: su periespíritu.
¿No se lleva el alma nada de este mundo?
- Sólo el recuerdo, y el deseo de ir a un mundo mejor. Aquel recuerdo está pleno de dulzura o de amargura, según sea el empleo que haya hecho de la vida. Cuanto más pura es, mejor comprende la futilidad de lo que en la Tierra ha dejado.
Separación del alma del cuerpo.
154. ¿Es dolorosa la separación del alma del cuerpo?
- No. El cuerpo muchas veces sufre más en el transcurso de la vida que en los instantes de la muerte. El alma ya no participa ni siente en tales momentos. Los sufrimientos, que en ocasiones se experimentan durante el proceso de la muerte, son un goce para el Espíritu, el cual ve llegar el término de su exilio.
-
En la muerte natural, la que sobreviene por agotamiento de los órganos como consecuencia de la edad, el hombre deja la vida sin caer en la cuenta de ello. Es una lámpara que se apaga por falta de combustible.
155. ¿Cómo se opera la separación del alma y el cuerpo?
- Habiéndose roto los vínculos que la retenían, ella se desprende.
155 a. La separación ¿se lleva a efecto de manera instantánea, por una transición brusca? Entre la vida y la muerte ¿hay una línea de demarcación netamente trazada?
- No. El alma se desprende en forma gradual, no escapa como un pájaro cautivo que ha sido devuelto súbitamente a la libertad. Los dos estados se tocan, confundiéndose. Así, el Espíritu se desprende poco a poco de sus ataduras: éstas se sueltan, no se quiebran.
Durante la vida el Espíritu se halla ligado al cuerpo por su envoltura semimaterial, o periespíritu. La muerte destruye sólo al cuerpo y no a esa segunda envoltura, la cual se separa del cuerpo cuando cesa en éste la vida orgánica. La observación ha probado que en el proceso de la muerte el desprendimiento del periespíritu no se opera súbitamente por completo. Sólo se realiza en forma gradual y en un plazo muy variable, según los individuos. En algunos es bastante rápido, y se puede afirmar que tal proceso de liberación, se cumple en unas pocas horas. Pero en otros –sobre todo en aquellos cuya vida ha sido enteramente material y sensual- el desprendimiento es mucho menos rápido y en ocasiones se prolonga por días, semanas y hasta meses, lo que no implica que haya en el cuerpo la menor vitalidad ni la posibilidad de un retorno a la vida, sino que persiste una simple afinidad entre el cuerpo y el Espíritu, afinidad que siempre se halla en relación con la preponderancia que el Espíritu dio a la materia en el transcurso de la vida. En efecto, es razonable pensar que cuanto más se haya identificado el Espíritu con la materia tanto más laborioso le será el separarse de ella, mientras que la actividad intelectiva y moral y la elevación de pensamientos operan un principio de despren-dimiento, incluso durante la vida del cuerpo, y cuando llega la muerte, la separación es rápida. Este es el resultado de los estudios hechos sobre todos los individuos observados en el momento de la muerte. Esas observaciones prueban, inclusive, que la afinidad que en algunas personas subsiste entre el alma y el cuerpo es a veces sobremanera penosa, por cuanto el Espíritu puede sentir el horror de la descomposición de la materia. Este caso es excepcional y propio de ciertos géneros de vida y de algunos tipos de muerte. Se presenta en ciertos suicidas.
Una de dos: o la muerte es una destrucción absoluta, ó es el tránsito del alma a otro
paraje. Si debe aniquilarse todo, la muerte será como una de esas noches raras que pasames sin soñar y sin ninguna conciencia de nosotros mismos. Pero si la muerte sólo es un cambio de morada, el tránsito a un lugar en que los muertos deben reunirse, ¡qué diera volver a encontrar a los que hemos conocido! Mi mayor placer fuera poder examinar de cerca los habitantes de esa morada y distinguir en ellos, como aquí, a los que son sabios, de aquellos que creen serlo, y no lo son. Pero ya es hora de separarnos, yo para morir y vosotros para vivir. (Sócrates a sus Jueces).
Por grande, hermosa y justa que sea una idéa, es imposible que desde su principio cuente con todas las opiniones. Los conflictos que de ello resultan son consecuencia inevitable del movimiento que se opera; son hasta necesarios para hacer resaltar más la verdad, y es útil que tenga lugar en su principio para que las ideas falsas se gasten más pronto. Los espiritistas que concibiesen sobre ello algún temor, deben estar bien tranquilos. Todas las pretensiones aisladas caerán por la fuerza de las cosas, ante el grande y poderoso criterio de la comprobación universal.
II. El alma se desvía y se turba cuando se sirve del cuerpo para considerar algún objeto; tiene vértigos como si estuviera ebria, porque se une a cosas que están por su naturaleza sujetas a cambios, en vez de que, cuando contempla su propia esencia, se dirige hacia lo que es puro, eterno, inmortal, y siendo de la misma
naturaleza, permanece allí tanto tiempo como puede; entonces sus extravios cesan, porque está unida a lo que es inmutable, y este estado del alma es lo que se llama sabiduría.
III. Mientras que tengamos nuestro cuerpo y el alma se encuentre sumergida en esta corrupción, nunca poseeremos el objeto de nuestros deseos: la verdad. En efecto, el cuerpo nos suscita mil obstáculos por la necesidad que tenemos de cuidarle; además, nos llena de deseos, de apetito, de temores, de mil quimeras y de mil tonterías, de manera que con él es imposible ser prudente ni un instante. Pero si es imposible conocer nada con pureza mientras el alma está unida al cuerpo, es necesario que suceda una de estas dos cosas: o que nunca jamás se conozca la verdad
o que se conozca después de la muerte. Desembarazados de la locura del cuerpo, entonces conversaremos, es de esperar, como hombres igualmente libres, y conoceremos por nosotros mismos la esencia de las cosas. Por esto los verdaderos filósofos se preparan a morir, y la muerte no les parece espantosa. ("Cielo e Infierno", 1ª parte, cap. II; 2ª parte, cap. I).
IV. El alma impura, en este estado, es arrastrada e impelida de nuevo hacia el mundo visible por el horror que tiene a lo invisible e inmaterial: entonces está errante, se dice, alrededor de los monumentos y de los sepulcros, cerca de los cuales se ban visto a veces tan tenebrosas, como deben ser las imágenes de las almas que han dejado el cuerpo sin estar enteramente purificadas, y que conservan algo de la
forma material, lo que hace que puedan verse. Estas no son las almas de los buenos, si la de los malos, que están obligadas a permanecer errantes en estos parajes, adonde llevan consigo la pena de su primera vida y en donde permanecen errantes hasta que los apetitos inherentes a la forma material que ellas se han dado, las conducen a un cuerpo, y entonces vuelven, sin duda, a tomar las mismas costumbres que durante su primera vida eran objeto de sus predilecciones.
Si la muerte fuese la completa disolución del hombre, sería una ventaja para los
malos, después de su muerte, el quedar libres, al mismo tiempo, de sus cuerpos, de sus almas y de sus vicios. Aquél que adornaba su alma no con una compostura extraña, sino con la que le es propia, sólo aquél podrá esperar tranquilamente la hora de su partida para el otro mundo.
X. El cuerpo conserva los vestigios bien marcados de los cuidados que se han tenido por él o de los accidentes que ha experimentado; lo mismo sucede con el alma; cuando se despoja del cuerpo, lleva las señales evidentes que cada uno de los actos de su vida le han dejado. De este modo la mayor desgracia que puede sucederle al hombre, es el irse al otro mundo con un alma cargada de crimenes. Ya ves Callicles, que ni tú, ni Polus, ni Gorgias, podriais probar que debe seguirse otra conducta que nos sea útil para cuando estemos allá. De tantas opiniones diversas, la única
inquebrantable es la de que "vale más recibir una injusticia que cometerla", y que ante todo debe uno dedicarse, no a parecer hombre de bien, sino a serlo. (Conversaciones de Sócrates con sus discípulos en la prisión).
XI. Una de dos: o la muerte es una destrucción absoluta, ó es el tránsito del alma a otro paraje. Si debe aniquilarse todo, la muerte será como una de esas noches raras que pasames sin soñar y sin ninguna conciencia de nosotros mismos. Pero si la muerte sólo es un cambio de morada, el tránsito a un lugar en que los muertos deben reunirse, ¡qué diera volver a encontrar a los que hemos conocido! Mi mayor placer fuera poder examinar de cerca los habitantes de esa morada y distinguir en ellos, como aquí, a los que son sabios, de aquellos que creen serlo, y no lo son. Pero ya es hora de separarnos, yo para morir y vosotros para vivir. (Sócrates a sus Jueces).
Continuará....
The Science Of Energy.